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365 DÍAS DE MILEI: DEBE Y HABER

El 10 de diciembre de 2024, se cumple el primero de los cuatro años del mandato de Javier Milei, lo que obliga a realizar un análisis y un balance de esta primera parte de su gobierno.

365 DÍAS DE MILEI: DEBE Y HABER

El 10 de diciembre de 2024, se cumple el primero de los cuatro años del mandato de Javier Milei, lo que obliga a realizar un análisis y un balance de esta primera parte de su gobierno.

Por Esteban Di Carlo

Antes de adentrarnos en los pro y los contra, es necesario resumir en qué estado tomó el gobierno, luego de los cuatro años del período Fernandez – Kirchner.

Asumió la presidencia en medio de una inflación galopante, que en los últimos meses antes de las elecciones se ubicó en dos dígitos: agosto, en 12.4 %; septiembre 12.7%; octubre 8.3%, y noviembre 12.8%, inmerso en lo que se consideraba el “plan platita”, con una alta emisión monetaria que iba a dejar sus secuelas durante todo el año 2024; y en medio de una situación social difícil, mezcla de escepticismo hacia el futuro, y descontento con toda la clase política, que llevó a la sociedad a niveles de hartazgos nunca visto, quizás similares al año 2001.

Javier Milei aprovechó ese descontento contra la política y contra los políticos. En su calidad de outsider, se lo vio como algo diferente, distinto, no contaminado. El entorno era muy diferente, al inicio de la presidencia de Mauricio Macri. En ocho años las cosas habían cambiado.

El verso del Estado presente había quedado en evidencia con altos índices de pobreza e indigencia. El Estado elefantástico con alta presencia de empleados en la Administración Pública se tornaba inviable financieramente.

Gran parte de la población estaba convencida, que será necesario un viraje de 180 grados, que era necesario un fuerte ajuste.

Luego de triunfar en el ballotage, como primera medida alertó sobre un difícil primer semestre, aplicó la motosierra de entrada, achicó al Estado, logró superávit fiscal, acomodó los precios relativos, sinceró los valores de la nafta, tarifas de servicios públicos, y estabilizó el dólar.

El pueblo acompañó con esfuerzo las medidas. El discurso de asunción lo dio de “espaldas al Congreso”, de espalda a la casta, pero de frente a la población. Ahí, justamente, lanzó su primer lema “No hay plata”.

El país empezó a convivir con equilibrio fiscal.

Este cumplimiento del equilibrio fiscal, sin salirse una sola carilla del libreto, lo condujo a situaciones antipáticas como el veto a leyes de suba de las jubilaciones, y los aportes a las Universidades.

El 24 de enero de 2024, a 44 días de haber asumido, sufrió el primer paro general. La oposición intentó desde el Congreso boicotear ese equilibrio, con leyes que lo ponían en riesgo; pero que logró encaminar con el instituto del veto, y el aporte de los colaboracionistas para no lograr los dos tercios necesarios para mantener la vigencia de la ley.

En lo económico, logró bajar la inflación, mes a mes, hasta alcanzar el 2.8 % en noviembre de 2023. Consiguió aumentar las reservas negativas recibidas. Mantuvo estable el valor del dólar.

Permitió con su política económica, que empiece a asomar el crédito para pequeñas compras, se hace usual las 6 y 12 cuotas sin intereses; y también, aunque en menor medida, el crédito hipotecario.

En lo social, combatió desde inicio los intermediarios de los planes sociales, habilitó una línea telefónica para que fueran denunciados, y se encuentran procesados una veintena de ellos.

No permitió el corte de calles y de rutas, obligando a los piqueteros a manifestarse sobre las veredas, o plazas.

En lo político, promulgó la Ley 27.781, boleta única de papel, que terminaría con la viveza política, de “robar” las boletas de sus contrincantes en aquellas mesas que no tenían la suficiente fiscalización de los partidos menores.

Introdujo el término “casta política” hacia todo aquel que vive, y vivió del Estado, y que no se le conoce ningún oficio, profesión, trabajo o emprendimiento más allá de su condición de concejal, diputado o senador.

Denunció las cajas políticas a las que se encontraban aferrados no solo los peronistas, sino también muchos radicales, principalmente estos últimos en el manejo de las universidades. Dio de baja a varios fondos fiduciarios de dudosos orígenes.

Erradicó el Ministerio de la Mujer, un departamento cuya única función fue incorporar militantes como empleados estatales, con suculentos sueldos que evidenció su fracaso cuando salió a la luz la violencia del ex-primer mandatario contra su esposa, Fabiola Yañez.

Eliminó la pauta oficial por un año. Desapareció la odiosa propaganda oficialista, que se acostumbraba a ver y escuchar en muchos programas televisivos y radiales.

En el plano internacional, se alineó con la política de Estados Unidos y de Israel, con un corrimiento evidente del país del Eje Rusia – China – Irán – Venezuela.

Todo esto, en el trascurso del primer año.

Pero, no todo ha sido positivo, existen cosas para mejorar y cambiar. La lucha intestina con la vicepresidente de la Nación, que desgasta innecesariamente al Gobierno, un conflicto interno de egos, que tendría que haberse resuelto puertas adentro.

El trato innecesario de desprecio a algunos periodistas, opositores, o presidentes de otros países, generando resentimientos y dejando heridas que después tardan en cicatrizar.

La pelea constante, el agravio fácil impropio de un primer mandatario a través de las redes sociales.

En lo económico, la baja del consumo producto de la caída del poder adquisitivo principalmente en el primer semestre cuando fue necesario acomodar todos los índices económicos adulterados por el gobierno anterior.

El enfriamiento de la economía, necesario para intentar terminar con el flagelo de la inflación, pero que redundó en una caída del PBI de alrededor de 4%.

El grupo etario más expuesto, resultó el de los jubilados, que ya venían con pagos indignos, pero que gran parte del ajuste recayó sobre ellos.

Es evidente que la enumeración de hechos positivos, supera largamente al “debe”.

Esto se traduce en un nivel de confianza en las encuestas hacia el Gobierno y al presidente, en algo superior al 50 %, manteniendo índice de popularidad similares al momento de la elección, aun después de haber hecho el ajuste económico más grande en tan corto tiempo.

Por lo pronto, el fondo supera a las formas.

El apoyo a los cambios profundos y radicales genera más adeptos, que conlleva a un segundo plano la personalidad agresiva y antipática, en algunos casos, del primer mandatario.

Con esto por ahora, parecería alcanzar. Mas adelante, se verá.

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