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CONURBANO BONAERENSE. NO ES AMOR LO QUE SANGRA

Índices de asesinatos por inseguridad que duelen. El gobernador que no atiende la situación y los vecinos que gritan en las calles pidiendo auxilio. Consecuencias de la doctina Zaffaroni a la vista.

CONURBANO BONAERENSE. NO ES AMOR LO QUE SANGRA

Índices de asesinatos por inseguridad que duelen. El gobernador que no atiende la situación y los vecinos que gritan en las calles pidiendo auxilio. Consecuencias de la doctina Zaffaroni a la vista.

Los episodios de inseguridad exteriorizados en la última semana, evidencian que el Conurbano Bonaerense es tierra de nadie.

Desde la aplicación de la Doctrina Zaffaroni, y la errónea creencia que el victimario es la víctima, se han incrementado los delitos y los episodios de robos seguidos de muerte.

Por mes en el Gran Buenos Aires se producen cien asesinatos con motivo de robo, lo que da un total de mil doscientos muertes al año.

El problema es multicausal.

Es un problema político, de seguridad, y justicia.

Mas adelante, será un problema de educación.

En efecto, el sistema educativo puede dar resultados a largo plazo, se necesitarán unos veinte años para educar al soberano y para obtener resultados.

Hay que volver rápidamente a la cultura del trabajo perdida, al sacrificio, a la meritocracia, y tantos otros valores olvidados en el último tiempo.

En el hoy y ahora no alcanza. ¿Entonces?

Desde la política, parece no haber reacción ante el flagelo.

El Gobierno provincial de Kicillof bajo el ala del progresismo comulga con esa idea zaffaroniana, no dota a la policía bonaerense de los elementos y libertades para combatir el delito, y ante un hecho de inseguridad, seguido de muerte, pone el ojo primero en un supuesto exceso de las fuerzas de seguridad, para después tratar de encontrar la verdad en el hecho.

Si la decisión política no viene desde arriba, es muy difícil que este desmadre se pueda modificar, en una zona donde conviven millones de personas con innumerables carencias: sin cloacas, sin asfalto, sin trabajo, sin educación, con ausencia absoluta del llamado Estado Presente.

Cuando se aborda el problema desde la Justicia, entre otras medidas, hay que respetar las condenas, endurecer las penas a menores, expulsar a los extranjeros que delinquen y reintroducir la perpetua real.

Diana Cohen Agrest, filósofa argentina, autora del libro "Ausencia Perfecta", quien sufrió el asesinato de un hijo, criticó la famosa "calesita procesal" que termina, en muchos casos, con las prescripciones de las causas.

Muchos jueces ponen sus ideas personales sobre la ley.

En efecto, los encargados de impartir justicia, siguen en muchos casos su ideología y no respetan la ley, al poner sus ideas personales sobre la norma jurídica, generando sentencias inequitativas.

Otra alternativa, es la baja de la edad de imputabilidad a los catorce años ante la evidencia de que los adolescentes comprenden la gravedad de sus actos. Esta medida también busca proteger los derechos de las víctimas.

Si la mayoría de edad se alcanza con el Nuevo Código Civil a los 18 años (antes era 21), si la edad para poder conducir un vehículo ahora es a los 17, y el derecho a votar es a partir de los 16 años, ¿qué obstáculo no ideológico existe para bajar la edad de imputabilidad?

Durante años, la izquierda prestó poca atención al tema de la inseguridad, que consideró un subproducto de problemas más estructurales como la pobreza y la desigualdad.

Sin embargo, el aumento de los niveles de criminalidad registrado en las últimas dos décadas en Argentina obliga a rever esa idea, y a pensar que el camino tradicional que propone más policías, más penas y más cárceles, no resulta equivocado.

En relación a la seguridad, es necesario ampliar la actividad de las fuerzas policiales, aumentar el rastrillaje, realizar controles a vehículos y personales, y permitir el pedido de DNI sin que ello implique vulneración a derecho alguno.

Sin prevención, aumenta el delito.

Se hace necesaria la implementación de política de prevención que, si bien a veces no evitan el delito, si contribuyen a su disminución.

Es evidente que la alteración de la convivencia causada por la inseguridad, demanda más protagonismo del sector policial y penitenciario.

Esta demanda, en las actuales circunstancias, favorece, entre otros aspectos, el aumento de los poderes de la policía, que debería tener el correlativo apoyo político para sustentarla.

Como se ha señalado, una política de seguridad ciudadana desde un enfoque integral exige el equilibrio; en ese sentido, buena parte de los desafíos para reducir la violencia y el delito competen a la dimensión preventiva.

El hecho de que la Provincia de Buenos Aires, no le haya prestado atención a ese aspecto, bajo el lema que resulta "estigmatizante" ha provocado que anualmente mil doscientos ciudadanos han perdido sus vidas bajo las balas de los delincuentes.

Si la ideología no permite cambiar a Axel Kicillof, la sangre derramada será mucho mayor.

Y no hay ideología que valga para las víctimas, y tampoco para sus familiares.

El garantismo penal, que entre otras cosas defiende a capa y espada el respeto al debido proceso, menoscaba los derechos de la ciudadanía en general, y facilita el accionar delictivo, generando mayor impunidad, al incluir medidas sustitutivas y penas alternativas a la prisión.

En vista de la actualidad sangrienta del conurbano bonaerense, al que resulta ajeno el resto del pais, y de las secuelas que dejó el garantismo zaffaroniano, es necesario una reforma amplia en conjunto desde la política, las fuerzas de seguridad, y desde la justicia, y se impulse una reforma que logre disminuir la cantidad de hechos delictivos.

Si el actual gobernador de la Provincia de Buenos Aires, no está dispuesto a hacerlo, la ciudadanía con su voto tiene la oportunidad de cambiarlo en las próximas elecciones.

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