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La anemia, una señal de alerta que no debe subestimarse

Millones de personas la padecen en todo el mundo. Pero muchos no saben que la tienen. Factores de riesgo y cómo cuidarnos. Lo que dicen los especialistas.

La anemia, una señal de alerta que no debe subestimarse

Millones de personas la padecen en todo el mundo. Pero muchos no saben que la tienen. Factores de riesgo y cómo cuidarnos. Lo que dicen los especialistas.

Millones de personas en todo el mundo viven con anemia y, en determinados casos, puede ser el primer indicio de enfermedades hematológicas graves. Por eso, los especialistas insisten en la importancia del diagnóstico oportuno y no minimizar síntomas que pueden parecer leves.

En un reciente informe publicado por el sitio Mayo Clinic se señala que la anemia se produce cuando el organismo no tiene suficientes glóbulos rojos sanos o hemoglobina para transportar oxígeno a los tejidos. La hemoglobina es la proteína presente en los glóbulos rojos que permite llevar oxígeno desde los pulmones al resto del cuerpo y retirar el dióxido de carbono para su eliminación. Cuando este proceso falla pueden aparecer cansancio, debilidad y falta de aire, entre otros signos.

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud, la anemia afecta especialmente a mujeres, adultos mayores y poblaciones vulnerables. Puede ser leve y no presentar síntomas en sus etapas iniciales, pero a medida que progresa los signos se vuelven más evidentes.

Entre los más frecuentes se encuentran cansancio, debilidad, falta de aire, mareos, dolor de cabeza, piel pálida o amarillenta, latidos irregulares, dolor en el pecho y manos y pies fríos. Pero en algunos casos las personas descubren que tienen anemia al intentar donar sangre y recibir la advertencia de que su nivel de hemoglobina es bajo.

Las causas son diversas. Puede desarrollarse porque el cuerpo no produce suficientes glóbulos rojos, porque se pierden más rápido de lo que se reemplazan —por ejemplo ante sangrados crónicos— o porque el organismo los destruye de manera prematura. Para fabricar los glóbulos rojos, la médula ósea necesita hierro, vitamina B12, folato y otros nutrientes. La deficiencia de hierro es la causa más común, aunque también existen anemias por déficit de vitaminas, por inflamación, enfermedades de la médula ósea, anemias hemolíticas y formas hereditarias como la anemia de células falciformes o la talasemia.

En cuanto a la anemia por deficiencia de hierro, puede estar relacionada con una alimentación inadecuada, pérdidas de sangre —como menstruaciones abundantes, úlceras o ciertos tumores— o el uso frecuente de determinados medicamentos. Las anemias por deficiencia de vitaminas pueden aparecer cuando no se consumen los nutrientes necesarios o el organismo no absorbe adecuadamente la vitamina B12, como ocurre en la anemia perniciosa. También existen anemias asociadas a enfermedades crónicas como cáncer, insuficiencia renal, diabetes o patologías autoinmunes.

En algunos pacientes, la anemia puede ser la primera manifestación de enfermedades graves. En ocho de cada diez personas con síndrome mielodisplásico (SMD), un tipo de cáncer de la sangre en el que la médula ósea no produce células sanguíneas sanas, la anemia es el primer hallazgo clínico. La incidencia global del SMD es de 4,9 casos por cada 100 mil personas por año y aumenta con la edad, con una media de diagnóstico entre los 70 y 76 años.


La Anemia puede ser el primer indicio de enfermedades hematológicas graves.

Otra patología vinculada es la beta talasemia, un trastorno que altera la producción de hemoglobina y genera glóbulos rojos menos numerosos y funcionales. Se estima que una de cada 100.000 personas por año desarrolla una forma sintomática y entre 80 y 90 millones de personas en el mundo son portadoras del gen asociado.

En la Argentina, entre el 1 y el 2% de la población sería portadora de la forma menor. La enfermedad puede presentarse en variantes leve, intermedia o grave y, en los casos más severos, requiere transfusiones periódicas y seguimiento especializado.

Los especialistas advierten que, si no se trata, la anemia puede derivar en complicaciones como cansancio extremo, problemas cardíacos —incluidas arritmias y agrandamiento del corazón—, complicaciones en el embarazo e incluso situaciones potencialmente mortales en casos severos o hereditarios.

Entre los factores de riesgo se encuentran una dieta pobre en hierro, vitamina B12 o folato, enfermedades que afectan la absorción intestinal, menstruaciones abundantes, embarazo sin suplementación adecuada, enfermedades crónicas, antecedentes familiares, consumo excesivo de alcohol y la exposición a ciertas sustancias químicas.

Si bien no todos los tipos de anemia pueden prevenirse, una alimentación equilibrada puede reducir el riesgo de las formas más frecuentes. Se recomienda incorporar alimentos ricos en hierro —como carnes, legumbres, verduras de hoja verde oscuro y cereales fortificados—, folato —presente en frutas, verduras y productos enriquecidos—, vitamina B12 —en carnes y lácteos— y vitamina C, que mejora la absorción del hierro.

"La anemia por falta de hierro es la más común"
Al respecto, el equipo del programa "Nunca es tarde", que se emite por La Brújula 24, habló con la médica hematóloga Vanesa Fernández, quien advirtió sobre la necesidad de no restarle importancia a la anemia: “Lo principal que hay que saber es que la anemia es un síntoma y que siempre puede haber alguna enfermedad subyacente”, explicó.

Y en esa línea agregó: “Es una detección del laboratorio donde se ve la baja de hemoglobina o del hematocrito y hay que investigar la causa”. Además subrayó que “la anemia siempre tiene algo subyacente, ya sea una deficiencia de hierro una enfermedad tiroidea alguna enfermedad más grave”.

Fernández señaló que la forma más habitual es la vinculada a la falta de hierro y detalló algunos de los signos que pueden servir como alerta. “Siempre hay que acordarse que la anemia ferrativa, la anemia por falta de hierro, es la anemia más común”, sostuvo. Y amplió: “Puede haber palpitaciones, taquicardia, aparte de la palidez, tanto cutánea como mucosa. O pueden estar las uñas deformadas”.

También mencionó síntomas menos conocidos pero relevantes: “En los chicos es muy común que empiecen a comer cosas extrañas que se llaman 'picas' cuando los chicos comen tierra o el mismo adulto a veces ha referido que tiene necesidad de masticar hielo”.

En la entrevista, la especialista indicó que las causas pueden variar según la edad y el contexto del paciente. “La primera causa de anemia siempre es la anemia ferropénica. Va a depender del grupo etario”, mencionó. En ese sentido precisó: “Por ejemplo, en las mujeres jóvenes muchas veces es causada por el aumento de las pérdidas menstruales o los embarazos seguidos”.

También alertó sobre la necesidad de profundizar estudios en algunos casos: “En los adultos mayores, en los hombres con anemia ferropénica, siempre hay que estudiar el tubo digestivo”.

Comer carne dos o tres veces por semana ayuda a mejorar el déficit de hierro.

Respecto de la prevención y el tratamiento, Fernández remarcó la importancia de los controles médicos y de una alimentación adecuada. “Una persona que cambia su costumbre de comer, su rutina alimentaria, debería por lo menos hacer un hemograma basal, un metabolismo hierro basal, y en los próximos 90 a 180 días repetir el control”, explicó.

Y sobre la dieta afirmó: “Siempre tiene que figurar la ingesta de carne roja una, dos o tres veces por semana acceder a la carne ayuda mucho al déficit de hierro”. A la vez aclaró que, en caso de requerir medicación, “si no funciona, pasamos a la vía intravenosa o intramuscular”, y resumió que “si uno da el tratamiento y la causa subyacente, la puede solucionar, se acomoda”.

En definitiva, detectar la anemia y comprender su origen puede ser clave para identificar a tiempo enfermedades subyacentes y mejorar el pronóstico. Ante síntomas persistentes como cansancio, falta de aire o debilidad, la recomendación de los especialistas es consultar al médico.

Por Juan Tucat, redacción de La Brújula 24, portal de Bahía Blanca. 

 

 

 

 

 


 

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