
LAS HERIDAS DE LA DERROTA
La interna en el peronismo más caliente que nunca. Kicillof y su dilema si romper o no con Cristina. Wesner y la dependencia extrema con el matrimonio.
Por Esteban Di Carlo
Las elecciones de octubre dejaron secuelas dentro del peronismo, pase de facturas, críticas y elogios a la vez por el desdoblamiento, pero la consecuencia mayor es la antinomia que sigue creciendo entre el Gobernador Axel Kicillof, y el séquito cercano a Cristina Fernández de Kirchner.
Las diferencias se fueron ampliando, hasta tal punto que mientras unos pretenden que el Gobernador rompa definitivamente con el camporismo; los otros, incluso intentaron un acercamiento con Martin Llaryora, para que luego del fracasado intento de Juan Schiaretti junto con el mal experimento bonaerense a través de Florencio Randazzo, se abriera del caudillo cordobés, y se emancipara políticamente para constituir una alternativa para el 2027.
El electorado cordobés se constituyó desde siempre en el más antikirchnerista a nivel nacional; resulta difícil que justo el gobernador de esa provincia, constituya una alianza por quienes son detestados por sus votantes.
Algo que parece imposible.
Pero, la política es el arte de lo posible.
En Olavarría, Maximiliano Wesner ganó la intendencia en parte por su carácter moderado, que atrajo el voto no solo de los fanáticos, sino también de parte del votante imparcial.
Sin embargo, eligió gobernar a través de un triple comando, junto con Cesar Valicenti y Mercedes Landívar.
La falta de autonomía para tomar decisiones, y la contaminación camporista del gobierno le hicieron perder frescura, y alejarse del electorado que en octubre le terminó dando la espalda.
¿Cuáles son los motivos para depender del matrimonio que lo secunda? Solo el intendente lo sabe, aunque los más allegados explican que la situación obedece a una cuestión financiera.
El déficit fiscal del municipio, y la dificultad para cumplir con los compromisos, en parte estaría saldada con el dinero que ingresa vía provincial. Una diferenciación del triunvirato, conduciría a un desfinanciamiento municipal, y enorme dificultad para cumplimentar con esas obligaciones.
De ahí, la dependencia del Intendente con el matrimonio.
Parte de los desatinos, y los errores políticos que incluso lo llevaron a fotografiarse con la condenada ex presidente, es producto del mal asesoramiento recibido.
Esa foto no vende, esa foto espanta.
En el año 2019 el dedo de Cristina Fernández llevó a Alberto Fernández a erigirse como Presidente de la Nación; pero nunca durante los cuatro años de gobierno se pudo despegar de quien lo eligió.
Tuvo la enorme oportunidad en las elecciones de medio término del año 2021 cuando la mayor parte del Gabinete que respondía al kirchnerismo le presentó la renuncia y le vació el gobierno; pero no tuvo la valentía ni la decisión para hacerlo.
Luego, fue tarde.
El último año fue una figura decorativa mientras el Superministro Sergio Massa llevaba al país al abismo.
Ya fuera del poder, terminó absolutamente desprestigiado en lo político y en lo personal, con causas penales que lo rodean por corrupción y violencia de género.
La historia contra fáctica explora escenarios hipotéticos, explora nuevas perspectivas sobre lo ocurrido, y plantea lo que pudo haber sucedido.
Alberto Fernández fue un demagogo, con muy buena habilidad para el discurso y para persuadir en su momento al electorado, con postulados sobre la paz social, la fraternidad y el diálogo, para alejarse de la “grieta”; se quedó en el discurso, con el paso del tiempo su credibilidad fue en declive, hasta hoy en día ser la persona con la palabra mas devaluada en el país.
Tuvo la oportunidad de romper con el cristinismo, no lo hizo.
Ahora la coyuntura le presenta la oportunidad a Axel Kicillof, para que sea el precursor de un camino diferente que pueda transitar el peronismo, que necesita una renovación necesaria y urgente del espacio; aunque nadie olvida que ha sido parte trascendental del periodo kirchnerista.
¿Lo mismo podría suceder en la el pago chico?, pareciera que no. Para que ello ocurra, Maximiliano Wesner tendrá que alejar el desprestigiado sello de la Cámpora que lo rodea, y empezar a gobernar con perfil propio, evitar tomar decisiones apresuradas, y dejar de lado el revanchismo contra los que denuncian situaciones irregulares, que merecen una investigación y no un despido.
Una tarea difícil, pero la necesita para recuperar la confianza del olavarriense, sino la posibilidad de una reelección será una ladera difícil de escalar
A veces resulta mejor equivocarse con decisiones propias, y no con las decisiones las tomen terceros.
Las elecciones dejaron heridas, las heridas generan cicatrices; pero también oportunidades.
Si el electorado les dio la espalda, es porque la propuesta no seduce, o la gestión no camina.
Y si la gestión no camina, es necesario un cambio.