
OLAVARRIA VIOLENTA
La escala no se detiene. Todo lo contrario. Autoridades municipales que niegan la realidad con estadísticas poco creíbles. Al medio, los vecinos víctimas de una situación que afecta a todos.
Por Esteban Di Carlo
Días atrás se conoció un video donde una barra de jóvenes, unos patoteros posteaban sus "hazañas" atacando otros jóvenes de su edad, incluso uno de esos videos ocurrió en la Plaza Central de la Ciudad; hace dos semanas otro joven fue herido de bala cerca de la cancha de Racing; comerciantes que realizan emprendimientos son asaltados a días o semanas de las aperturas de los negocios, ni hablar de los robos menores como hurtos de bicicletas o motos.
Olavarría se ha tornado violenta.
Se ha conurbanizado.
Parte del espectro político entiende la problemática.
Otros lo niegan.
Federico Aguilera, edil camporista salió a decir en el Concejo Deliberante que: "Hay menos delitos que el año pasado".
El concejal afirmó que en el 2023 y 2024 hubo más robos en comparación con el primer trimestre del año en curso.
Cualquier parecido a la frase de Aníbal Fernández "en Argentina hay menos pobre que en Alemania" es pura coincidencia.
Lo que pudo haber bajado es la denuncia de los delitos, pero no la cantidad de delitos en sí.
Esta apatía por denunciar se debe a varios factores, el desencantamiento de la gente con el accionar policial, que la mayoría de las denuncias queden en la nada, o bien la llamada "puerta giratoria", delincuentes apresados, en 24 horas son liberados por los jueces penales.
A contrario de las declaraciones del concejal, el Gobernador Kicillof creó justamente un “Fondo de Emergencia” para reforzar la Seguridad en los Municipios de la Provincia por mas de 70 mil millones de pesos, a fin de abordar la problemática que sigue creciendo.
"A fin de abordar la problemática que sigue creciendo", dice el manifiesto.
Crece no solo en Olavarría, sino en gran parte de la Provincia de Buenos Aires, ni hablar en el Conurbano, que es tierra de nadie desde hace décadas, fomentado por las teorías zaffaronistas donde el delincuente aparece como víctima de la sociedad.
El "delincuente como víctima de la sociedad" se centra en la idea de que la criminalización no solo afecta a los individuos, sino que también refleja y perpetúa desigualdades sociales y la vulnerabilidad de ciertos grupos.
En su visión el sistema penal castiga a aquellos que son más vulnerables y que han sido excluidos socialmente, en lugar de abordar las causas estructurales de la criminalidad, de tal manera hay que actuar para protegerlos.
Estudia la problemática desde el lado del delincuente, y nada dice como se debe proteger a las verdaderas víctimas.
A esta doctrina jurídica se le suma la escasa facultad que le queda a las fuerzas policiales para poder actuar.
Y cuando la policía no puede actuar, genera una doble conducta: en el delincuente un sentimiento de falta de respeto a la autoridad y en la autoridad misma, pasividad, miedo a cometer excesos, aunque sean mínimos pero que le permita a la gente que adoctrina este pensamiento poder hablar de "casos de gatillo fácil" o "excesos en el accionar policial".
El caso emblemático es el de Luis Chocobar quien luego de perseguir a dos delincuentes que habían atacado y herido de muerte a un turista en La Boca, logró abatir a uno de ellos, pero años más tarde fue condenado a dos años y medio de prisión y cinco años de suspensión como agente de policía.
Lamentablemente Olavarría está viviendo el proceso de conurbanización.
Con todo el significado negativo que implica esa palabra.
La conurbanización se da por medio de dos procesos, una es la amenazante "invasión" de migrantes del Gran Buenos Aires hacia las ciudades del interior, u otra, a través de conductas de los mismos habitantes similares a la de quienes viven en el conurbano.
En ambas situaciones se produce una precariedad en el estilo de vida que afecta al conjunto de la sociedad.
Lo que ha comenzado con robos de bicicleta, se ha transformado en robos de motos, de casas con gente en su interior, de comercio a pleno luz del día, de clubes en la ciudad y los pueblos vecinos.
Pronto este delito de robo ha de modificarse en algo de escala superior.
Y no se nota de parte de las autoridades una conducta acorde para reprimir estas acciones, salvo lo manifestado recientemente por el Gobernador o las reuniones que ha tenido Maximiliano Wesner junto a las autoridades policiales y judiciales.
Parece poco.
La delincuencia y la inseguridad, siempre pasan a un estadío mayor si no se corta de raíz.
En el 2024, se produjeron entre asaltos, robos y hurtos casi 1500 hechas, lo que promedia 4 hechos delictivos por día.
Estos son los hechos denunciados, como se dijo ut supra, muchos otros no forman parte de las estadísticas, porque la víctima no pierde tiempo en algo que cree no va a tener resultado positivo, y prefiere concentrarse en su indignación antes que realizar un raid por las sedes policiales y judiciales.
Dentro de las prioridades, debería aparece combatir el delito.
En la etapa previa (prevención), y en la posterior (represión).
No solo deberían existir las reuniones mencionadas, sino también la férrea voluntad política para llevar adelante las acciones mencionadas para evitar que Olavarría siga transformando su imagen de "ciudad más fraternal", a paisajes propios del Conurbano.
Lejos quedará en la memoria de los más veteranos, el dejar el auto sin llave, o con ventanillas abiertas, las ventanas sin rejas, las puertas sin cerrar, o los vecinos sentados en las veredas cuando el clima acompañase.
Símbolos de otra época.
Y que dio paso a las alarmas, el cerco eléctrico, las cámaras de grabación, las casas con sus barrotes.
El caminar por las calles no implicaba riesgo alguno, menos estar sentado en la Plaza Principal de la ciudad, donde ahora parece un lugar de riesgo.
Es el tiempo de la Olavarría violenta.
Todavía los gobernantes están a tiempo para modificar esta tendencia.