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Peligro invisible de verano: cómo se forman los "chupones de mar"

Un guardavidas y especialista en rescates acuáticos advierte sobre las corrientes de resaca, un fenómeno silencioso y frecuente que pone en riesgo a miles de bañistas en las costas del país.

Peligro invisible de verano: cómo se forman los "chupones de mar"

Un guardavidas y especialista en rescates acuáticos advierte sobre las corrientes de resaca, un fenómeno silencioso y frecuente que pone en riesgo a miles de bañistas en las costas del país.

Cada verano, con playas llenas y jornadas de sol, un enemigo silencioso vuelve a repetirse en el mar argentino. No hace ruido, no se ve a simple vista y suele aparecer justamente donde el agua parece tranquila. Se trata de los llamados “chupones de mar”, conocidos científicamente como corrientes de resaca, responsables de numerosos rescates y accidentes evitables en las playas del país.

Alejandro Mittica, guardavidas, profesor de Educación Física y periodista deportivo, con amplia trayectoria en el ámbito acuático, advirtió sobre la importancia de difundir información clara y accesible para reconocer este fenómeno. A lo largo de su carrera participó en múltiples rescates y situaciones de emergencia, lo que le permitió adquirir experiencia directa en la identificación de estas corrientes y en las maniobras seguras para asistir a quienes quedan atrapados.

“Son invisibles, silenciosos y pueden aparecer incluso en un día de sol perfecto. No rompen con estruendo ni avisan; simplemente están ahí”, explicó. Aunque muchos bañistas creen que el peligro está donde las olas rompen con más fuerza, ocurre muchas veces lo contrario: los chupones suelen formarse en sectores donde el mar parece planchado y sin espuma, lo que genera una falsa sensación de seguridad.

El origen de estas corrientes está en el propio movimiento del mar. Cada ola que rompe empuja agua hacia la costa y provoca una acumulación en la zona cercana a la orilla. Ese exceso necesita volver mar adentro y lo hace buscando el camino más fácil. Cuando encuentra un canal natural entre bancos de arena, un pozo o un desnivel del fondo marino, se concentra y se libera a gran velocidad, formando un verdadero río que corre hacia afuera.

El fondo marino es clave en este proceso. No es uniforme ni estático: cambia día a día. Bancos de arena, canales y cortes naturales actúan como el “arquitecto” de los chupones. Allí nace el llamado “cuello” de la corriente, que puede arrastrar a una persona mar adentro en cuestión de segundos. En algunos casos medidos, estas corrientes superan los dos o tres metros por segundo, más rápido que un nadador entrenado.

Las corrientes de resaca siguen un circuito definido: el agua llega con las olas, se desplaza de manera lateral, converge en un punto más profundo y luego se expulsa mar adentro con fuerza. Por eso muchos rescates ocurren relativamente cerca de la orilla, cuando el bañista intenta volver y descubre que no avanza o, incluso, retrocede.

En las playas argentinas se identifican distintos tipos de chupones. Algunos son fijos, asociados a estructuras como espigones o canales estables; otros son migratorios, ya que cambian de lugar según se modifican los bancos de arena; y también existen los repentinos, que pueden formarse en minutos tras una serie de olas más grandes. Incluso sin tormentas visibles, un chupón puede activarse por oleaje generado a cientos de kilómetros.

Uno de los errores más comunes es confiar en el agua calma. “El agua tranquila no siempre es agua segura”, advierte Mittica. Justamente en esos sectores sin rompiente visible suele esconderse el mayor peligro.

Para reducir riesgos, los especialistas recomiendan elegir playas con guardavidas, respetar siempre sus indicaciones, observar atentamente dónde rompen las olas y evitar ingresar en zonas donde el oleaje parece cortarse. Y ante una situación de arrastre, la clave es no luchar contra la corriente: nadar paralelo a la costa hasta salir del canal y recién entonces intentar regresar.

El mar argentino es tan atractivo como cambiante. Comprender cómo funcionan las corrientes de resaca y difundir información preventiva puede marcar la diferencia entre una jornada de disfrute y una situación de riesgo. Para Mittica, la prevención y la educación siguen siendo las herramientas más efectivas para cuidar la vida en las playas.

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