
RUTAS ARGENTINAS: EL SIMBOLO DE LA DECADENCIA Y EL AUGE DE LAS FOTOMULTAS
Un repaso de lo poco que se hizo en materia de infraestructura vial en las últimas décadas. El peligro en que nos montamos cuando salimos de viaje por nuestro país y el negocio de las fotomultas.
Por Esteban Di Carlo
Cualquier olavarriense que le toca salir a la ruta podrá observar la nula conservación de las rutas nacionales y provinciales.
Si el destino es la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las opciones son: la ruta nacional 3, o la ruta 205.
En los últimos veinte años, poco o nada se ha hecho en la ruta 3.
Lo más trascendental ocurrió en los años 90, cuando se inauguró la Autopista Ezeiza - Cañuelas, y la Autovía Olavarría – Azul.
Desde allí, pasaron casi treinta años, y el único avance ocurrió entre Cañuelas y Monte, muy poco para una vía que atraviesa varias provincias, hasta terminar en Tierra del Fuego Luego. La desidia total.
No solo porque no se mejoró en infraestructura, sino también porque el mantenimiento es paupérrimo, principalmente la zona entre Azul, y Cacharí, donde se ha formado anchos y profundos huellones.
La ruta 51 que conecta Olavarría y Saladillo, es angosta, con nulo trabajo sobre las banquinas donde a veces ni siquiera se corta el pasto; se intentó una mejora hace unos años en el trayecto Alvear - Saladillo, pero fueron unos pocos kilómetros que rápidamente se deterioraron.
Si el destino es el sur, unos treinta kilómetros entre Loma Negra - Laprida, arreglados durante la Gobernación de María Eugenia Vidal, y un intento por mejorar la ruta en las serranías de Pringles con dos carriles en los sectores sinuosos, es lo único que ha hecho cambiar la fisonomía en casi 300 kilómetros de recorrido. Muy poco.
El estado de la ruta 51 pasando Loma Negra, en la zona de los Querandíes, ha sufrido un desgaste notorio, y ni hablar si se escoge la ruta que va a Coronel Suarez, y Sierra de la Ventana, donde lo único positivo ha sido tapar unos baches (ahora grietas lunares) que luego se fueron destruyendo nuevamente, y hay que circular a velocidad reducida para no romper los amortiguadores.
Si se elige la ruta 226, una vez que se pasa Bolívar, el deplorable estado de la ruta se va acentuando a medida que uno se dirige hacia el oeste, llegando a su punto más álgido en Carlos Tejedor, donde el Estado lo único que ha hecho es colocar un cartel que reza: "Circule despacio, calzada deteriorada".
Muy poco, para un Estado que decía estar presente.
Los únicos avances positivos se produjeron en la ruta 226, pero lejos de Olavarría, en el trayecto Balcarce - Mar del Plata, donde se construyó una autovía de dos carriles por mano, y en comparación con las otras salidas de la ciudad, aparece como "ruta saludable" en cuando a su estado, más allá que no se realizaron ensanchamientos, ni tercer carril en toda la trama entre Olavarría y Balcarce.
Es indudable entonces, que con un mapa de rutas en estado de cuasi abandono, mayor caudal de tránsito, aumento de parque automotor y de camiones, caminos angostos, el salir a la ruta en Argentina, y más en la Provincia de Buenos Aires, es una odisea.
Durante la década de los noventa, se construyeron las Autopistas Buenos Aires - La Plata, la Autopista ruta 2 que une Buenos Aires - Mar del Plata, la mencionada Autopista Ezeiza - Cañuelas, la Autovía Olavarría - Azul, la ampliación de la Avenida General Paz a cuatro carriles, la ampliación de la Autopista Panamericana y alguna otras que escapan a la memoria.
En los últimos veinticinco años solo se puede contabilizar la Autopista Rosario - Córdoba, los 6 km de la Autopista hasta llegar a Cañuelas, la Autopista Dolores - Madariaga, que comenzó Vidal, y terminó Axel Kicillof, y en la zona aledaña a Olavarría el enlace Néstor Kirchner que permite unir las rutas 51 y 3, y acortar el camino hacia la costa.
Es el deseo de todos, que el ensanchamiento a dos carriles entre Monte y Las Flores, sea un trabajo sostenido, y que no se circunscriba a mover las máquinas en los años electorales, como parece ser.
Lamentablemente, durante el presente 2025, todos los días hay noticias por accidente y muertes en las rutas argentinas.
Luego de las privatizaciones en el Gobierno de Menem, la ola estatista llevó a que pasaran al control público el manejo de las mismas, y lo que parecería ahora volverían nuevamente al sector privado.
Según un informe del Ministerio de Obras Públicas, solo el 31% de la red vial nacional está en buen estado; y solo cerca del 9% del total es autopista o autovía.
Lo alarmante de toda esta situación, es que mientras no lleguen las inversiones, no habrá mayores cambios, y en todo este tiempo al Estado no se le ha ocurrido la creación de rutas seguras.
¿Que son las rutas seguras? Buena señalización, banquinas más amplias, tercer carril para facilitar el sobrepaso, etcétera.
El tercer carril que se encuentra en varias rutas cordobesas, y misioneras, permite el sobrepaso sin riesgo, cada cinco o seis kilómetros. Es una tercera vía que permite que los camiones se coloquen sobre la derecha, y autoriza el adelantamiento de los rodados más ligeros, pero por el mismo carril donde venían circulando, sin necesidad de invadir el carril contrario.
Con una inversión mínima, se estaría mejorando la calidad de viaje de la gente, donde el conductor ganaría en tranquilidad al saber que ese tercer carril le permitirá el sobrepaso, sin poner en riesgo su integridad y el de su familia.
Se estima que con ello se reduciría un 70% la cantidad de accidentes.
Pero, así como el ciudadano no ve avances significativos en infraestructura en rutas, muy por el contrario, las fotomultas, y los móviles puestos al azar, han proliferado en los últimos tiempos.
El negocio millonario ha crecido exponencialmente. No solo de las multas, sino también de los "sacamultas".
El exministro de Transporte bonaerense Jorge D’Onofrio se encuentra procesado, por corrupción por el manejo de la verificación técnica vehicular (VTV) y a las fotomultas en la provincia de Buenos Aires.
Una forma de recaudar para la corona, y para el bolsillo del funcionario.
Así es, D’Onofrio, Ministro de Transporte de la Provincia, que había asumido el cargo en el año 2022 debió dejar el gabinete de Axel Kicillof en diciembre, envuelto en sospechas por una red de gestores que anulaban fotomultas, a cambio del pago de un porcentaje del monto de la infracción, y por una denuncia de irregularidades en las contrataciones de la verificación técnica vehicular (VTV).
Hecha la multa, la existencia de un gestor podía anular la misma. La plata no iba para el Estado, pero si para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero (funcionario).
Kicillof lo despidió en su oportunidad con un mensaje errático, donde reconocía “el gran trabajo que llevó adelante”.
Mucho exige el Estado con un control exagerado buscando multar al ciudadano, con el pago de patentes, y la VTV al día, para que no haya una contraprestación.
Una vez y para siempre, el contribuyente tiene que exigirle al Señor Feudal, y controlar que el dinero de los impuestos, cuya creación se debió a contribuir a ampliar la red vial en la Argentina, efectivamente tenga el destino de su creación, y no sea direccionado a otras áreas que nada tienen que ver con el mantenimiento de las rutas y autopistas.