
Rutas, un preocupante camino hacia la muerte
Los accidentes viales son la causa de muerte más importante del país.
No es necesario conocer una estadística oficial para tomar cuenta del cada vez más preocupante número de accidentes que ocurren en las rutas del país y en particular en nuestra región.
Cada semana se conocen hechos viales, con muertos y heridos, a veces involucrado un vehículo, a veces varios, en muchos casos sin que se pueda establecer la causa de lo ocurrido.
De acuerdo a la ONG Luchemos por la Vida, cada año mueren en el país 5.900 personas por accidentes viales, la mitad de ellos en las rutas.
Tomando como parámetro la tragedia ocurrida en 2004 en el boliche República de Cromagnon, donde murieron 194 personas, los fallecidos por accidentes representan 30 veces ese número, en un año.
Ese dato debería ser por demás suficiente para poner la mirada sobre el tema, actuar en consecuencia, reforzar acciones, actuar contra conductas e infraestructuras.
Es simple cargar tintas y echar culpas al estado de las rutas como factor exclusivo. Que es un mal preocupante y real es cierto, así como la necesidad de obras nuevas, carriles adicionales, mantenimiento continuo.
Pero no se puede desatender las estadísticas que señalan que circular a velocidad inapropiada y tener conductas incorrectas (hablar por celular, no respetar indicaciones viales) son las causas más habituales de los accidentes.
Asociaciones como FADEEAC y especialistas han alertado sobre el deterioro, la falta de mantenimiento y la paralización de obras en corredores clave, lo cual incrementa el riesgo de choques frontales y despistes.
Pero la negligencia del conductor, el exceso de velocidad (que hace que el vehículo sea cada vez menos gobernable) y los adelantamientos indebidos son los factores desencadenantes más comunes.
Se necesitan campañas preventivas, controles, obras y mucha educación vial. Conciencia, valoración de la vida antes que la necesidad de “ganar tiempo”, de llegar antes a un lugar que puede esperarnos.
Cada muerte es la ruta es una muerte a destiempo, una pérdida irreparable, que afecta y daña a familias enteras. Es probable que este escrito sea poco menos que un grito en el desierto, pero es sin dudas un grito de debe empezar a darse y multiplicarse.