
SEGUNDO TIEMPO
El gobierno juega una elección clave para enderezar el rumbo del país. La oposición, encabezada por el kirchnerismo, busca limar internas y mirar hacia el 2027 todos unidos con el aval en las urnas.
Por Esteban Di Carlo
Después de la paliza sufrida en las elecciones provinciales de Buenos Aires, el gobierno pareció reaccionar ante el impacto, y dejó la soberbia originada en los comicios electorales de la Capital Federal, por el pragmatismo, y el diálogo que se le venía reclamando.
Un poco parafraseando el libro de Mauricio Macri, hoy tiene su segundo tiempo.
Es cierto que la elección del 7 de septiembre se exageró, porque se intentó nacionalizar un comicio provincial; no menos cierto es que a partir de dicho día, el país empezó a avizorar que el regreso del kirchnerismo al poder no era una utopía.
El mundo económico entró en pánico, se disparó el riesgo país, el dólar pasó a ser un electrocardiograma, y la tasa de inflación que si bien sigue siendo baja, si comparamos con la tasa de Sergio Massa, se estabilizó y/o subió unas décimas.
En estas elecciones donde se puede modificar sustancialmente la Cámara de Diputados y Senadores, el gobierno apuesta a alcanzar y/o superar el tercio que le permita mantener la decisión de veto a resguardo.
La oposición dura, obstruyente como la izquierda y el kirchnerismo, apunta a sumar legisladores que le permitan obstaculizar todos los proyectos de ley.
Pero todos, absolutamente todos, harán cuentas a nivel nacional, qué números totales van a reflejar estas elecciones.
El Gobierno Nacional aspira a vencer en Capital Federal, Mendoza y Entre Ríos achicar la diferencia en la Provincia, y tener buenos comicios en Córdoba y Santa Fe.
En el 2023 lo dijo Sergio Massa, una diferencia de más de diez puntos en la Provincia de Buenos Aires, es indescontable en el resto del país.
De manera entonces que tamaño trabajo tendrá Diego Santilli para descontar los 14 de diferencia del 7 de septiembre.
Para ello, cuenta con cuatro factores.
La primera, política.
Por primera vez en el país, se utiliza la boleta única, donde todos los candidatos están en la misma boleta, y solo hay que tildar la elegida.
Con ello se evita el robo de boletas principalmente.
La segunda, logística.
El Kirchnerismo movió todo el aparato en las elecciones locales, donde se jugaban los puestos de interés para los Barones del Conurbano.
Significa un desgaste financiero y de recursos humanos
¿Harán lo mismo ahora?
La tercera, social y psicológica.
El porcentaje de abstención y de ausencia en los comicios anteriores, la desidia o el desinterés del voto blanco o desencantado de la derecha, y el resultado aplastante y el miedo al regreso del kirchnerismo, puede constituir una alarma y un incentivo para presentarse en los lugares de votación.
La cuarta, individual.
La modificación del primer candidato. La figura de Diego Santilli es mucho más atrayente para el electorado neutral que la figura de José Luis Espert.
A partir de estos cuatro factores, el oficialismo puede achicar la amplia diferencia de septiembre.
Para el kirchnerismo la lectura del resultado puede ahondar las diferencias existentes entre el cristinismo y el kicillofismo.
La diferenciación de las elecciones provinciales de las nacionales fue un acierto del Gobernador, pero siempre fue mirada con recelo por la condenada ex presidente, que en algo tiene razón: "el golpe había que hacerlo de una", manifestó recientemente.
Con esto le dio reacción al gobierno para que tenga una segunda oportunidad y poder rehacerse y reaccionar ante el mazazo sufrido.
Ahora bien, mientras el kirchnerismo no haga una fuerte autocrítica, y modifique sus ideas económicas, podrá ser alternativa para un grupo de personas a las que le guste vivir del estado, pero con nulas posibilidades de sacar el país adelante.
No en vano, que la incertidumbre económico financiera tuvo que ver con el miedo a su regreso, y no en vano, el periodo donde los argentinos sacaron el porcentaje más alto de los ahorros en dólares de los bancos, fue entre la victoria de Alberto Fernández en las PASO, y la consolidación de dicho triunfo en el 2019.
Dicho de otra manera, es un partido “espantamercado”.
Sin mercado, no hay capital; sin capital no hay inversión; y sin inversión, solo hay pobreza.
En la medida que no modifique esa idea socialcomunista, que fracasó en Bolivia, Venezuela y también en nuestro país, podrán ganar elecciones, podrán abultarse las billeteras, volverán al poder para saquear al país, pero mantendrán un país pobre y sin futuro.
El país está inmerso en un proceso de transición, en busca de cambios profundos.
Para ello necesita modificar básicamente la antigua Ley de Contrato de Trabajo, la edad jubilatoria, y la cuestión fiscal.
Innumerables impuestos agobian a los argentinos, en el aspecto municipal, provincial y nacional; algunos se superponen entre sí.
En materia previsional, la expectativa de vida creció; la edad jubilatoria y la masa de aportantes no. En consecuencia, se produce un agujero financiero que provoca jubilaciones miserables.
Las leyes laborales tienen más de cincuenta años, eran otras las relaciones de trabajo; el mundo cambió, el trabajo también; esas modificaciones no importan ningún retroceso, por el contrario es acondicionar las leyes a una nueva realidad política, económica y social.
Para Argentina, resulta necesario que arranque el segundo tiempo.