
SIN MOVIMIENTO, SE OXIDA
¿Se viene una renovación o todo sigue igual? El recambio histórico del peronismo ¿tiene lugar? en tiempos donde la conducción es kirchnerista. Desde Menem a Cristina y los egos de Máximo y Kicillof.
Por Esteban Di Carlo
Dura fue la derrota para el Partido Justicialista en el año 2023.
Mucho más dura fue porque estuvieron a algo más de 2 puntos de ganar en primera vuelta, y la derrota fue frente a un outsiders.
Javier Milei hacía dos años que estaba en la política, solo se hizo conocido por participar como invitado en programas televisivos, no poseía aparato político, y había dejado en el camino y, en tercer lugar, a quienes un año antes solo tenían que elegir cuales de los precandidatos sería el futuro presidente.
Y fue mucho más dura aún porque además, en el ballotage esa diferencia a favor de casi ocho puntos, se transformó en doce puntos abajo. Es decir, perdió el 20 % del electorado.
Algo ocurrió.
Lo que ocurrió fue que durante cuatro años el peor presidente de la democracia, tuvo a un país encerrado por algo más de un año, inventó el Vacunatorio VIP, disfrutó de las fiestas en Olivos, nunca tuvo un plan económico, no pudo contener al dólar, y tampoco intentó al menos combatir la inflación, más allá de alguna dialéctica al respecto.
La inflación se desbordó, tal fue así, que, durante los últimos cinco meses de gobierno, en cuatro de ellos alcanzo los dos dígitos.
Frente a esa disyuntiva, el pueblo eligió lo desconocido.
Y como al desconocido no le ha ido nada mal en este tiempo, el partido que gobernó la República Argentina durante veintiseis años de los últimos treinta y tres, que no está acostumbrado a ser oposición debe reconvertirse.
Necesita reconvertirse.
El peronismo es ante todo un movimiento, donde conviven diferentes ideologías. Nació como un partido de centroderecha, relacionado con el fascismo italiano. La Italia del Duce había fascinado a Juan Perón en su viaje a Europa y tal fue así que se copió el color caqui de los uniformes, al estilo Mussolini.
En la década del 70 el PJ sufrió el denominado "entrismo", aquellos que entendían que la única posibilidad de imponer el comunismo en el país, no era por fuera del espacio, sino por dentro del partido, copando el mismo.
A esos, Perón los echó de la plaza y los trató de "estúpidos imberbes". La derrota electoral de Ítalo Luder, en manos de Raúl Alfonsín, llevó a que el partido entronara en una interna muy dura a Carlos Menem delante de la figura bonaerense de Antonio Cafiero.
Y Carlos Menem introdujo en el país el modelo más liberal que se haya conocido por entonces, donde tuvo su momento de gloria con la ley de Convertibilidad, y la estabilidad económica que ocupó casi toda la década del 90.
Aquellos que ahora tienen menos de 25 años no saben de qué se trata.
La derrota de Menem, en una "interna electoral" frente a Nestor Kirchner provocó un cambio brusco del partido de centro derecha, a centro izquierda, casi sin querer, se podría decir que en el presente milenio triunfó el "entrismo", aunque mucho más moderado, un populismo extremo.
Este populismo que nació en el 2003, y se extendió durante cuatro períodos, con un intervalo lúcido de Mauricio Macri, detonó en el 2023.
Así como Luder dio paso a Menem; y Menem dio paso a Kirchner. Cristina Kirchner debería dar paso a una nueva generación.
No es lo que parece en las intenciones, la pretensión y el logro de ser Presidente del partido, da la sensación de que significaría la intención de perpetuarse en el partido.
Pero hay signos de que no todo está bien dentro del movimiento.
A los egos entre Axel Kiciloff, y Maximo Kirchner, (cuyo primer trabajo lo consiguió como diputados a los 38 años de edad, y que ostenta un patrimonio declarado de 4.719.000.000.
(La mitad de su riqueza corresponde a la tenencia de dólares: una caja de ahorro y depósitos en dicha moneda, ambos declarado como herencia y 27 inmuebles), hay que sumarle el salto de los senadores y diputados de Tucumán que obedecen al Gobernador Osvaldo Jaldo apoyando en el Congreso los primeros proyectos de leyes presentado por el Gobierno de Milei, y ahora más próximo la creación de un monobloque por parte del diputado santafecino Roberto Mirabella.
Es que existe un peronismo porteño (sumado al conurbano), y un peronismo federal, que lentamente intenta reaccionar bastante alejado de la ideología camporista.
Por el momento, el status quo dentro del peronismo parece no haberse modificado, pero hay algunos atisbos que esto puede cambiar de cara a las elecciones, o sino despues de las mismas si el resultado electoral no acompaña.
Lo cierto es que el partido necesita un cambio enorme.
La creación del Peronismo Federal con figuras de renombre como ex Gobernadores, Juan Manuel Urtubey, o Manuel de la Sota, y ex ministros como Florencio Randazzo, y Roberto Lavagna fue algo efímero, que se terminó diluyendo por falta de resultados positivos.
Por ahora, el peronismo cordobés descansa dentro de su territorio, sin intenciones de proyectarse a nivel nacional, y figuras feudales como Gildo Insfran en Formosa o Gerardo Zamora en Santiago del Estero, lejos están de ser la renovación, pero de a poco los levantamientos individuales, pueden constituir el germen para que más temprano que tarde una fuerza modernizadora sea capaz de cuestionarle el liderazgo a Cristina Fernández.
Esta última viene de fracasos electivos, Amado Boudou en 2011, condenado por corrupción por el caso Ciccone; Alberto Fernández en 2019, y Wado de Pedro, que al estilo pañuelos verdes, quedó abortado antes de la PASO del 2023.
El descontento dentro del partido se palpa. Los dirigentes deberían elegir entre el conformismo o la ambición.
El conformismo, en cuanto a mantener cierto caudal de legisladores en el Congreso, sin que la sangría fuese importante, mantenerse competitivo en el Gran Buenos Aires, y no mucho más.
Y la ambición que como todo partido mayoritario que siempre ha estado coqueteando con el poder, necesita armar una estructura sólida, creíble y renovada con figuras diferentes que le permita ser competitivo a nivel país y tener aspiraciones de recuperar el gobierno nacional en el 2027.
El que no se mueve, se termina oxidando.
Y para no oxidarse el Peronismo necesita una innovación.