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SOL DE DIA. MIEDO A LA NOCHE

La violencia instalada en Olavarría gana terreno y espacio en la agenda de los olavarrienses. ¿Es suficiente la creación de la secretaría de seguridad? Pocas respuestas y estadísticas contaminadas.

SOL DE DIA. MIEDO A LA NOCHE

La violencia instalada en Olavarría gana terreno y espacio en la agenda de los olavarrienses. ¿Es suficiente la creación de la secretaría de seguridad? Pocas respuestas y estadísticas contaminadas.

Por Esteban Di Carlo

El verano olavarriense se destaca por días largos de mucho sol y calor, insoportable para lo que no tienen un espejo de agua donde poder atenuar esas temperaturas, con siestas donde se escucha el silencio o algún ladrido canino; y las noches que traen un manto de frescura, y una brisa reparadora; hasta que al día siguiente cuando el sol vuelve a brillar recalienta absolutamente todo.

La violencia ha logrado que Olavarría últimamente se recaliente por las noches.

No se trata de sucesos aislados, sino de sucesos que vienen ocurriendo frecuentemente, en las noches desbordadas de alcohol, mucho alcohol y droga.

Algunos con finalidad de robo, otros con el firme propósito de provocar un daño al prójimo.

Son acontecimientos penosos que alejan a la ciudad de lo que alguna vez fue: ciudad tranquila donde nunca pasa nada, o pasa poco.

Ahora, pasa bastante.

Desde hace un tiempo se visualiza que Olavarría está sufriendo un cambio, lamentablemente no para bien.

A medida que la ciudad crece, empieza a tener los vicios de grandes urbes, una especie de conurbanización del sector, en menor medida pero similar a situaciones que suceden dentro de ese gran conglomerado que es el Gran Buenos Aires.

La pérdida de valores, del sentido de sacrificio, la falta de educación, y de la cultura del trabajo donde a más de una generación se le inculcó la idea de que se puede vivir de planes y sin sacrificios.

La creencia en una ideología que transformó la víctima en victimario y que un delincuente puede ingresar por una puerta para salir por la otra y para reincidir en el delito sin que esto tenga sus consecuencias.

La existencia de jueces garantistas que primero ante cualquier hecho de violencia investigan si hubo exceso en el accionar policial, y de un Código Penal que exige una pronta actualización para que el tipo penal sea más severo con ciertas conductas y a partir de determinadas edades.

El "delincuente como víctima de la sociedad" se centra en la idea de que la criminalización no solo afecta a los individuos, sino que también refleja y perpetúa desigualdades sociales y la vulnerabilidad de ciertos grupos.

En su visión el sistema penal castiga a aquellos que son más vulnerables y que han sido excluidos socialmente, en lugar de abordar las causas estructurales de la criminalidad, de tal manera hay que actuar para protegerlos.

Estudia la problemática desde el lado del delincuente, y nada dice como se debe proteger a las verdaderas víctimas.

A esta doctrina jurídica se le suma la escasa facultad que le queda a las fuerzas policiales para poder actuar.

Y cuando la policía no puede actuar, genera una doble conducta: en el delincuente un sentimiento de falta de respeto a la autoridad y en la autoridad misma, pasividad, miedo a cometer excesos, aunque sean mínimos pero que le permita a la gente que adoctrina este pensamiento poder hablar de "casos de gatillo fácil" o "excesos en el accionar policial".

A los jóvenes le fueron adjudicando más derechos; la posibilidad de votar a los 16 años, de obtener la licencia de conducir a los 17 años; es hora que también dentro de la contraprestación aparezcan determinadas obligaciones.

La baja de la imputabilidad penal es una necesidad de la sociedad.

En los hechos acaecidos durante enero en la ciudad, en todos hubo menores involucrados.

Parte del espectro político entiende la problemática.

Otros lo niegan.

Estadísticas presentadas por el oficialismo, expresan que: "Hay menos delitos que el año pasado".

Lo que pudo haber bajado es la denuncia de los delitos, pero no la cantidad de delitos en sí.

Esta apatía por denunciar se debe a varios factores, el desencantamiento de la gente con el accionar policial, que la mayoría de las denuncias queden en la nada, o bien la llamada "puerta giratoria", delincuentes apresados, en 24 horas son liberados por los jueces penales.

En Olavarría hace meses el Concejo Deliberante aprobó la resolución que declaraba la ciudad en emergencia, recién esta semana la Subsecretaría en materia de Seguridad, pasó al rango de Secretaría

¿Es suficiente el cambio de rango?

En principio el status no modifica una situación de hecho.

Pero si el cambio viene acompañado de una actitud más proactiva, la creación de mapas del delitos, prevención sobre los focos donde se producen los desmanes, que en general coinciden con lugares en cercanía de boliches y bares o parques, la ubicación de móviles para disuadir a los violentos y empezar de una buena vez a autorizar que un policía pueda requerir los documentos, verificar si tienen antecedentes penales y/o puedan realizar cacheos para extraer armas, o elementos punzantes, se habrá avanzando positivamente para mejorar la seguridad en la ciudad.

Si en cambio, más allá del rótulo de una secretaría o subsecretaría, nada se hace para modificar lo que evidentemente si se hizo, se hizo mal, la situación tenderá a empeorar.

Lo que ha comenzado con robos de bicicletas y motos, de casas con gente en su interior, de comercio a pleno luz del día, dio paso a que cuatro personas recibieron heridas punzantes, en alguno de esos casos con menores involucrados.

El municipio ha logrado reaccionar formalmente, desoyendo a quienes postularon que el delito había disminuido.

Sin embargo, esa reacción tiene que verse reflejada en la realidad y que la gente pueda verificar que los resultados son concretos y no meras estadísticas contaminadas.

Existe en principio voluntad política para llevar adelante las acciones mencionadas e intentar evitar que Olavarría siga transformando su imagen pacífica a paisajes propios del Conurbano.

El caminar por las calles o los hermosos parques de la ciudad, aunque sea en la nocturnidad no debería implicar riesgo alguno para el ciudadano.

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