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UN NIÑO CON AUTISMO SUFRE POR LOS RUIDOS DE UN ESPACIO CULTURAL Y LA MUNICIPALIDAD MIRA PARA OTRO LADO

El calvario de una familia olavarriense contado en primera persona

UN NIÑO CON AUTISMO SUFRE POR LOS RUIDOS DE UN ESPACIO CULTURAL Y LA MUNICIPALIDAD MIRA PARA OTRO LADO

El calvario de una familia olavarriense contado en primera persona

Una familia de Olavarría vive una situación desesperante desde que, durante la pandemia, comenzó a funcionar un espacio cultural en un galpón lindero a su casa, ubicado sobre Maipú al 3700. A pesar de los múltiples reclamos, mediaciones y denuncias realizadas, la situación no se resuelve y afecta gravemente la salud y la vida cotidiana de su hijo, un niño con autismo (TEA).

“Mi hijo no tolera los ruidos fuertes ni las vibraciones. No puede usar auriculares, ni tapones. Cada vez que hay música, vibran las paredes, el piso, las ventanas… y él entra en crisis. Llora, se angustia, no duerme. Y nosotros, como familia, estamos agotados”, relata la madre.

Según explicó, los fines de semana el espacio realiza actividades con música en vivo, bandas y amplificadores. Las jornadas se extienden hasta la madrugada, lo que les impide descansar en su propio hogar. A esto se suman ruidos posteriores al evento: “Cuando termina la música, siguen moviendo cosas, gritando. A veces recién logramos dormir a las tres de la mañana”.

La familia ya acudió a mediación vecinal tres veces, realizaron denuncias ante el Municipio, conversaron con el Juez de Faltas y hasta intentaron hablar directamente con el intendente Maximiliano Wesner, quien —según afirman— nunca les respondió. En una instancia, los responsables del espacio cultural se comprometieron a hacer obras acústicas e incluso propusieron intervenir en la vivienda de los vecinos. Nada se concretó.

“Nos prometieron soluciones que nunca llegaron. Mientras tanto, nuestro hijo sigue padeciendo esta situación todos los fines de semana. Esto es un tema de salud mental y calidad de vida. Nosotros no estamos en contra de la cultura ni de los espacios artísticos, pero tienen que funcionar en lugares donde no perjudiquen a nadie”, reclamaron.

La familia insiste en que el Estado municipal debe intervenir de manera efectiva, y que las mediciones de decibeles y las actas de infracción no sirven si no se traducen en soluciones reales. Por eso, piden que el espacio cultural sea reubicado.

“Queremos que nuestro hogar vuelva a ser un lugar seguro para nuestro hijo. Solo pedimos poder dormir tranquilos un sábado a las 22, no a las tres de la mañana. No es mucho. Es un derecho”, concluyen.

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