
VIENTO...DILE A LA LLUVIA
Cuando no alcanza la plata, el Municipio no ajusta el gasto: ajusta al contribuyente. Ahora le tocó al viento. Mañana, quién sabe… ¿al agua, al sol o al aire que respiramos? En Olavarría, hasta la naturaleza puede terminar pagando los platos rotos de una gestión que no para de perder inversiones y oportunidades, que sí aprovechan ciudades vecinas.
Por Esteban Di Carlo
Con los votos del kirchnerismo, el Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de Olavarría aprobó a través de la resolución 049/2026, el tributo al viento.
A partir de la fecha los tres parques en funcionamiento y el que se encuentra en construcción deberán depositar en la tesorería de la Municipalidad la cifra de u$s 5.200 dólares por cada generador.
La resolución bajo el pretexto del remanido lema de izquierda "que paguen los que más tienen" esconde una realidad, los números en rojo del gobierno y un desesperado intento de sacar dinero de cualquier lugar.
¿Como contraprestación? La Municipalidad dice darles servicios de habilitación, registración, inspección, verificación, fiscalización y control.
Servicios evidentemente caros.
De manera entonces que a partir de esta resolución las nuevas inversiones migrarán a sectores geográficos no tan hostiles.
Bahía Blanca, Tandil, los partidos de la Ventania beneficiados indirectamente por la voracidad fiscal del tridente que gobierna.
La mirada miope de la medida, logra beneficiar en el corto plazo al Municipio con el ingreso de este dinero extra, pero provocaría a largo plazo caída de la inversión, y consiguientemente del consumo y del trabajo.
En efecto, el movimiento que implica la instalación de dichos generadores en adquisición de materiales de construcción y creación de puestos de trabajo va a migrar hacia otros partidos que tengan iguales condiciones naturales, pero menor carga impositiva
Y con esto se incrementará la diferencia entre las localidades vecinas.
Durante el período 2023/2026 dentro de los partidos del interior de la Provincia de Buenos Aires, excluida el área metropolitana, Olavarría es la ciudad que MAS HA DECRECIDO en estos tres años.
Ha sufrido una reducción del 5.2 %.
Los locales del centro se encuentran vacíos, con infinidad de carteles con disponibilidad de alquiler, y con una economía local que muestra signos visibles de deterioro, menor actividad comercial y pérdida de empleo.
En este período, sin embargo, Tandil creció 3.4 %
Es decir, la crisis es olavarriense, y en parte provocada por la falta de ideas del Gobierno Municipal, o mejor dicho, con la implementación de una errónea política económica
Olavarría carece de ventajas comparativas, y la política colabora para que tenga cada día menos
A una ciudad alicaída, sin progreso, con menor inversión comparativamente con las ciudades vecinas, y con crecimiento limitado, el oficialismo incentiva la creación de un nuevo impuesto que espanta las inversiones
Sin inversiones no hay crecimiento, ni empleos de calidad
Sin crecimiento no hay futuro
Si las cuentas no cierran, la solución para el camporismo no está en morigerar los gastos, ni ajustar las cuentas; todo lo contrario, se busca desesperadamente a quien todavía se lo puede exprimir para que la casta política siga subsistiendo
En este sentido, ahora le tocó al viento, pero como dice la canción de Litto Nebbia del año 1968, "viento, dile a la lluvia", que la próxima parada puede ser el impuesto al agua.
Y si no es el agua, será el sol, o cualquier otro recurso natural
Para mantener el circo se necesita dinero
Y para conseguir dinero, la gestión municipal implementó una remota, alocada y disparatada idea de poder cobrar un impuesto a un recurso natural que hasta ayer fue gratuito.
Las comparaciones a veces son odiosas, pero está en vigor en muchos lugares la instalación de paneles solares que se encargan de captar la luz del sol y la transforman en energía limpia que se puede usar en el hogar
Es energía renovable, pero no es de extrañar si el concepto pasa por gravar cualquier cosa, si se generaliza el uso de estos paneles, que sea un próximo impuesto a instrumentar.
"Una sociedad entra en decadencia cuando la producción requiere permisos de quienes no producen, el dinero recompensa el tráfico de influencias y el soborno, la ley protege a los corruptos en lugar de a los honrados, y la honestidad se vuelve un castigo" (Ayn Rand – La rebelión de Atlas)